Tocar no es gratis.

 Foto: Max Pixel.

Foto: Max Pixel.

Para nadie es un secreto el gran problema del artista: que nos paguen por trabajar y/o que respeten un proyecto musical. Pero... ¿cómo pasar a la acción para obtener un objetivo?

Richard Bona describe el problema de manera precisa: nuestra pasión es nuestro talón de Aquiles en la negociación: nos interesa tocar antes de recibir un pago, tenemos la suerte que nos encanta hacer música, sin embargo nuestra vaga formación en ámbitos económicos nos vuelve blanco fácil de abuso cuando apelan a esto ¿Cómo enfrentar entonces este problema?

Partamos por casa y reconozcamos nuestras falencias como rubro: el nivel es disparejo en cuanto a calidad de un show desde la perspectiva musical, de la performance y de la planificación. Hay bandas que logran convocar con su música (objetivo del local para tener más consumo) y facilitan mucho el trabajo mientras con otras sucede lo contrario. Como anécdota, en mis inicios fui de sonidista a tocatas donde la banda «no tenía plata para pagar» y uno accedía «por la oportunidad y la experiencia», pero post show había dinero para celebrar... y nada para el sonidista. En varias actividades universitarias se trata de no pagar o se ofrecen cifras de miseria, donde se entiende debieran dar el ejemplo al respecto. ¿Dónde quedan entonces el networking, la formación integral y el trabajo en equipo? 

Por otra parte, nos cuesta entender que para el resto de la cadena realizar eventos es motivado más por fines comerciales que musicales, y están en todo su derecho de pensar así, es su negocio. Creo que nos falta entender mejor las necesidades del otro.

En cuanto al resto de «la industria», el abuso parece algo propio del negocio, se hace casi automáticamente. La falta de organización recae en faltas constantes de orden y presupuesto y los primeros afectados somos nosotros.

¿Qué hacer entonces?  La propuesta de Eólica es solidificar tu proyecto visualizando las falencias y dándole una ruta a seguir mediante el formato Band Doctor,  y por supuesto no aceptar el trato y enfrentar esa crisis, no tocar si no hay conveniencia artística y económica (aunque no sea nuestra prioridad), quizás buscar otra forma de monetizar para mantener tu proyecto activo.

Finalmente, nunca olvidar que ningún show es gratuito, alguien paga el transporte y los costos propios del show, y además de eso está la responsabilidad y riesgo del éxito o fracaso de un show.

Los invito a opinar y preguntarse: 

  1. ¿Sabes cuánto te cuesta un show? 
  2. ¿Tienes una oferta y presentación clara a negociar?  

Les dejo el link de Richard Bona y la invitación a conocer el formato Band Doctor.

 Éxito!

Pablo.